Wednesday, September 21, 2011

LA UNIÓN LIBERAL

Suena muy bien la audaz propuesta del partido Liberal en cabeza de su jefe único Rafael Pardo de unificar las fuerzas liberales hoy disgregadas en distintas personerías jurídicas, no será la primera vez que pasará, por lo general sucede después de largos periodos de orfandad de poder debido a grandes divisiones internas. Sucedió en el siglo XIX cuando liberales radicales y colaboracionistas se juntaban, en el siglo XX cuando Gaitanistas y Turbayistas lo hicieron, o Galanistas y oficialistas y ahora se repite entre Santistas – Uribistas con Gaviristas- oficialistas.
La tan anunciada como temida por algunos unificación liberal, no deja de tener dos filos, para resolver cual es el camino correcto se debe responder a los interrogantes: ¿si lo que se busca es ser más grande o ser mejor? Es la pregunta que nos hacemos algunos liberales que por distintas circunstancias nos alejamos de la institucionalidad del partido, con la salvedad que lo que en su momento nos motivó a hacerlo nada tenía que ver con la dirección política en lo nacional, todo lo contrario, reclamábamos como era necesario que esa coherencia se emulara en lo regional donde modestas mentes parroquiales insistían o insisten en hacer del partido un pequeño feudo de intereses personalísimos.
Pocos soportamos con estoicismo tres derrotas presidenciales y otras tantas locales, paradójicamente nos distanciamos cuando el triunfo llegaba por primera vez a las puertas de un partido que soportó más de una década las inclemencias; primero, de un gobierno conservador y posteriormente de un régimen Uribista obsesionado en acabarlo con el cínico discurso que en él estaban las fuerzas que habían desestabilizado a Colombia. Pero cínico también, sería desconocer que buena parte de los liberales decentes se marcharon después del tristemente célebre proceso 8.000 en el gobierno de Samper por el cual el liberalismo tuvo que pagar con ausencia de poder y recriminación pública el fatal episodio de Colombia.
Des-Samperizar el partido fue una lucha de titanes bajo la conducción política de César Gaviria, el proceso de recuperar la confianza viene desde entonces gracias a la decisión de estrenar seriamente la figura de la oposición como camino para demostrar su capacidad de reinventarse en la adversidad y lejos del poder. Por eso no hay explicación que justifique la descabellada idea que Ernesto Samper dirija algún proceso liberal. Los que abanican esta propuesta parecen contratados por José Obdulio para restarle importancia a la unión.
Si un filo de la propuesta lleva a la unidad, el otro puede cortar más si se pierden tantos años de sacrificio, confundir unidad con “Bienvenido todo el mundo”, sería un error que estoy seguro aunque se pierdan votos no lo permitirán quienes han sacado del ostracismo las ideas liberales y pretenden que los hijos regresemos a casa.
De otro lado, valdría la pena explorar posibilidad distinta a una consulta popular para autorizar la unión, eso sería como preguntarle a un enfermo si se quiere aliviar; una convención con delegados de las bases y directorios democráticamente elegidos cuentan con la legitimidad de decirle a Pardo: llegó la hora de la unidad del partido Liberal.

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