No tengo nada contra el general Naranjo, es más, comparto con muchos la idea de que es un buen policía, ojalá sea mucho más, tanto como lo es de vocero de su institución, el día que lo logre será el mejor y más eficaz policía del mundo, mientras tanto seguirá brillando por su carisma, elocuencia y locuacidad, características que le han alcanzado para pasar ileso frente a las críticas que en materia de seguridad ha venido sufriendo el gobierno, algo poco entendible pues si no es él quien debe responder por estos indicadores, entonces quién?
La forma en la que defiende su institución y ha venido afrontando los escándalos de corrupción de la policía Nacional son perfectas en cuanto al manejo de medios y de la opinión pública, pues nada más agradable que un jefe aceptando y cuestionando el comportamiento de su personal, pero ni es suficiente ni podemos pensar que estamos cerca de tener una institución medianamente honesta, creería que vamos por el camino adecuado pero bien lejos de lo que merecemos los Colombianos.
Por ejemplo y sin ninguna intención de prejuzgar porque la justicia tiene la última palabra, en el último mes y medio he tenido que representar judicialmente como víctimas a tres familias cuyos hijos, esposos o hermanos han sido asesinados por policías en distintos hechos confusos que según sus familias y buena parte del acervo probatorio en principio, indician que son muertes difíciles de explicar, como aquella producto de un balazo en la nuca, algo por lo general posible sólo si se está de espalda, o aquel joven que recibió un balazo en la pierna por no parar en su bicicleta y quién se encuentra entre la vida y la muerte.
Ojalá las investigaciones no arrojen la conclusión que en la institución sigue existiendo personal con dedos calientes que hacen uso indebido de las armas de dotación oficial, elementos que existen con la única función de velar por la vida, honra y bienes de los ciudadanos, algo que excluye por completo el ajusticiamiento aunque se trate de un delincuente para quien también existe un proceso que lo aísle como un peligro para la sociedad a través de la reclusión y porque no, de la resocialización.
No faltará quien tache este artículo de apología al delito, quien lo haga no podría estar más equivocado, es obvio que en ocasiones un policía debe escoger entre él y el delincuente reaccionando entendiblemente para conservar su vida, en lo que no estoy de acuerdo es con la conformidad que algunos medios de comunicación le están generando a los ciudadanos respecto a la policía nacional, producto de un excelente manejo de prensa del general Naranjo.
Podría escribir cientos de artículos mencionando nombres de policías honestos que entregan todo incluyendo su vida a su institución y al país, personalmente conozco muchos de ellos pero eso no significa que desconozca que sigue habiendo sobornos, ajusticiamientos, errores fatales que pagan los ciudadanos, corrupción y denuncias hechas por líderes sociales aun sin resolver como aquella que oportunamente denunció Ana Fabricia Córdoba, la dirigente de los desplazados recientemente asesinada en Medellín quien días antes advirtió públicamente que miembros de esa institución podrían atentar contra su vida. Quisiera oír al general Naranjo opinando con la misma contundencia sobre el particular.
Respeto más la policía de hoy que la que teníamos hace 10 o más años, he sido favorecido en ocasiones de su presencia, pero todavía no podemos sacar pecho de esa manera aunque su líder natural el general Naranjo asuma con cierta humildad los reconocimientos recientes, no podemos conformarnos y confundir vocería con efectividad, aplaudamos lo bueno sí, pero no nos creamos el cuento completo.
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