Impresionante es el número de veces en las que vemos u oímos en las noticias la cantidad de muertos, heridos o atracados con ocasión del robo de celulares; no hay derecho que esa actividad delincuencial se haya convertido en una industria de dimensiones transnacionales en la que hemos empezado a exportar teléfonos móviles a Centro y Sur América y según las autoridades también estemos importando de países vecinos, mentes delincuenciales expertas en abrir las famosas bandas y en cambiar los MEI. (Identificación internacional del equipo móvil) lo que hace aparentemente irrepetible un equipo.
Claro está que esto como todos los delitos a gran escala, tienen un proceso y una cadena de actores donde no sólo es el ladrón, raponero, cosquillero, asesino o como se llame, sino alguien más peligroso que es invisible, socavado, hipócrita, posudo de buena persona , alguien que por su tacañería, fantochería y falta de principios no le importa comprar un celular manchado de sangre bajo el argumento de que Él no se lo robó o no le consta que sea robado.
¡Si como no!, debe ser un incapaz o corto de mente el que no sospeche la procedencia de un celular robado o de cualquier otro bien, por eso valen lo que valen, lo venden donde lo venden, lo vende el que lo vende y lo compra el que lo compra; controlar a un ladrón es muy difícil pero controlar un ciudadano con aparente decencia y con celular de alta tecnología es casi imposible: no hay norma ni pena que pueda con los achapados.
Utilizo algunos calificativos, consciente que a la gente de bien no tiene por qué molestarle, ó incluso, para llamar la atención de aquellos que alguna vez se han prestado para este delito como compradores, último eslabón de una cadena macabra que sólo la semana pasada le arrebató la vida a tres colombianos, algo a lo que nuestra ciudad no es ajena; la semana antepasada Pereira estuvo a punto de poner más victimas cuando al candidato a la alcaldía Juan Manuel Arango y al representante Diego Patiño, revólver en mano pretendieron robarles sus celulares y quien sabe que más, por fortuna contaban con seguridad algo que el común de la gente no tiene.
Aunque este fenómeno no es nuevo, sí viene en crecimiento, estoy seguro que la mayoría conocemos a alguien a quien le hayan hurtado su celular; personalmente conozco el caso de Ana Elvia Rojo, una buena mujer y líder del barrio Las Brisas que perdió un hijo que vi crecer, porque unos vándalos que querían su celular así lo consiguieron hace un poco más de dos años, lo triste es saber que alguien que posiblemente tenga educación, empleo o familia fue capaz de comprarlo.
Las cifras de un operativo policial en sólo 72 horas dejó un desconsolador panorama: se recuperaron más de 27 mil celulares robados avaluados en 3 mil millones de pesos, se capturaron mil delincuentes que hacen parte de los ya 3373 aprehendidos únicamente en el año 2011 y muchos intermediarios, lamentablemente lo que no se supo o por lo menos no pude escuchar fue de la captura de alguien del otro lado de la misma moneda: el que compra para su uso, ese celular robado.
El Ministerio de Defensa hace algunos días prendió las alarmas y ha empezado a realizar acciones como ésta, pero nunca tendrán resultado si existen compradores, lastimosamente las leyes de oferta y demanda funcionan igual o mejor en el bajo mundo, que en la legalidad.
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