Santos no tiene carácter, es un títere del ex presidente, este gobierno es el tercer mandato de Uribe, Uribe sigue mandando, Uribe es el que quita y pone, Santos imita a Uribe, y como consecuencia de lo anterior: Amenaza de guerra con Venezuela y malas relaciones con Ecuador ; continúa el choque de trenes entre el gobierno y las cortes, Colombia no repara a sus víctimas por miedo al desequilibrio fiscal, el programa de restitución de tierras no tiene voluntad política, la oposición es considerada enemiga del gobierno, el TLC no despega porque no hay giros en el manejo de los derechos humanos, en manos de testaferros y políticos se encuentran las tierras de la CNE.
Titulares de prensa y comentarios como estos sin duda serían para muchos el escenario perfecto, digno de un hombre agradecido y leal que como santos se clonó en Alvaro Uribe sin que se note el cambio de gobierno. Para otros, en los cuales me incluyo una situación así sería una aberración de la democracia que entre otras cosas consiste en que al alternarse el poder cada gobernante tenga su propia ruta, sin que eso signifique desconocer logros pasados o caer en el ridículo de perseguir a su antecesor después de acompañarlo incondicionalmente y compartir responsabilidades.
Álvaro Uribe ya se ganó un lugar bien importante en la historia de Colombia, hasta los que nunca hemos compartido su estilo reconocemos políticas valiosas que le dieron a Colombia un nuevo aire; inútil y mezquino sería negarlo, pero de allí a pensar que Santos está faltando a su palabra por no clonarse en el ex presidente es malinterpretar el valor de la lealtad. Lo que está sucediendo es el cumplimiento de una profecía anunciada por muchos analistas que considerábamos que Santos representa otro estilo propio de su cultura, formación, corriente de pensamiento, así en campaña se haya tenido que poner ponchos y sombreros para evocar al popular mandatario.
En su momento a través de esta columna y a pesar de no votar por el presidente, fui uno de los que tomó distancia de los que creían que la era Santos era un clon de la de Uribe, el tiempo nos da la razón y por fortuna así no es, sería triste que nos gobernara un pelele, incapaz de dejar su sello en la administración pública, un imitador sin carácter que pidiera permiso para todo, alguien poco digno de ser nombrado personero del pueblo; es una lástima que una mente como la de Uribe no lo entienda y que sin renunciar a su valiosa capacidad de crítica ayude a un gobierno que defiende buena parte sus tesis en la económica y la seguridad.
Han sobresalido las diferencias entre ambos personajes sin que nadie pueda asegurar que hay un rompimiento, lo que es evidente es el inconformismo de un sector del Uribismo incluyendo del dueño del letrero con algunas políticas que no prosperaron en su mandato y que de continuar oponiéndose o acompañándolas a regañadientes los dejaría muy mal parados como fuerza social, ( el polo igualmente debe una explicación) como el caso de la ley de víctimas y la restitución de tierras que contribuirán en el contexto internacional a sacar a Colombia de la percepción de que somos un País de salvajes y parias donde la gente se mata y nadie responde, sin contar lo que significa en el campo de la justicia social.
Esperamos que este y todos los gobiernos tengan carácter, continuidad en las buenas políticas y marquen distancias frente a los errores del pasado sin importar el raciocino de algunos que privilegian el sentido de la lealtad entre dos personas y no entre un gobernante y un pueblo. Hay muchas preocupaciones y poco tiempo como para gastarlo en vanidades y pleitesías.
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